¿Qué significa tener el "corazón roto"?

    


    No sé si a ustedes les pasó, pero en lo personal, la cuarentena se convirtió en un contexto de mucha reflexión e introspección. Hace muchos días que vengo pensando sobre el amor, las relaciones, amar y, más específicamente, en ese momento en el que te rompen el corazón.

    La persona que lo haya experimentado tiene una sola cosa en claro: jamás en su vida quiere volver a pasar por eso. No sé si todos lo vivimos de la misma manera, mas dudo olvidar el amargo sabor de boca, la fuertísima opresión en el pecho que, a cada segundo que pasa, se hace más y más pesada, de pronto cuesta mucho respirar. Haces un esfuerzo sobrehumano en no llorar, pero te termina venciendo porque de alguna u otra forma, ese dolor tiene que salir. Parece que el resto del mundo dejó de existir, porque en tu mente no hay lugar para otra cosa. Todo lo que te rodea parece irreal, intangible, estás absorbido por ese sentimiento tan intenso que es capaz de cerrarte el apetito, quitarte el sueño y regalarte un nudo en la garganta que amenaza todo el día con hacerte explotar.

    El insomnio es casi inevitable. Hay un martillo sobre tu cabeza que carga todas las preguntas que sabes que nunca vas a responder: ¿por qué? ¿Qué hice mal? ¿Y si hubiera…? ¿Y si no hubiera…? ¿Y si…? Tu cama es tu único refugio, dormir tu única forma de huir, deseas con todas tus fuerzas que el agua de la ducha limpie y sane toda herida. Pero vos y yo sabemos que no funciona así.

    Es muy común escuchar o pensar que después de vivirlo, no volves a amar de la misma manera pero es mentira. No todas las personas te hacen experimentar las mismas sensaciones y nunca sabes con quién te podes encontrar. Si no volvés a sentir lo mismo es porque vos no te lo permitís, lo cual está perfecto, pero la capacidad de amar está intacta. Podés no tener ganas de vivirlo, podés tener miedo o incluso podés tener la suerte que yo tuve de amar con toda el alma como si fuera la primera vez, incluso después de varios corazones rotos. También estamos los “enamorados de la idea del amor”, esos adictos a eso que nos causa amar y que nos amen, al cosquilleo de emoción al escuchar que esa persona especial te mandó un mensaje, al vuelco de tu corazón cuando empiezan las palabras bonitas y lo especial que te hace sentir, a lasensación de éxtasis que recorre tu cuerpo cuando te sentís correspondido. No importa que haya salido mal la última vez, la idea del amor nos tiene tan cautivados que allá vamos, ciegos e ingenuos, a intentarlo y dejarnos llevar una vez más.

    Sin embargo, hay algo que sí cambia. Es cierto que no sos la misma persona. Cada vez que decepcionan tu corazón, vas acumulando una mochila en tu espalda que se llena más y más de inseguridades, miedos, paranoias… No es tu culpa, es tu mecanismo de defensa, es tu cerebro intentando evitar que vuelvas a caer en el pozo de la mierda. Al mismo tiempo, intentás reprimirlas porque sabés que no está bien, que esa nueva persona tampoco tiene la culpa de todo el sufrimiento que cargás y que tratás de superar. Lidiar con eso, tratar de que esté todo bien y al mismo tiempo sentir que existe la posibilidad de que todo lo que te lastimó vuelva a pasar es simplemente demasiado.

    Y un día colapsás. Porque no podés con todo y no tenés por qué. Te dan ganas de mandar todo a la mierda, que te dejen solo y desearías poder reiniciar tu vida, pero no se puede. Es una lucha, es un aprendizaje de todos los días. Hay momentos mejores que otros, a veces podés más, a veces podés menos. Creo que lo principal es entender que uno hace lo mejor que puede y como le sale, siempre hay que intentar ser y dar lo mejor de uno mismo, pero se puede errar y, más que nada, aprender. Hasta que un día sea lo más fácil de hacer. 

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