Primer amor | Relato #2
Dicen que el primer amor no se olvida, pero lo que no te cuentan es que mientras que el sentimiento desaparece, lo que perdura son las cicatrices que te deja. Sin embargo, algo de cierto había en aquel dicho, Katy sabía que Alex Green siempre sería parte de su historia.
Estaba en su último año de bachillerato cuando lo conoció. La primera vez que lo vio pasar en el pasillo, la mirada de ambos se sintió atraída por una fuerza que hasta el día de hoy no sabía explicar, pero que a partir de ese momento, no dejarían de buscarse.
Un inocente día otoñal, el muchacho se le acercó en uno de los recesos. Recordaba con sumo detalle cómo se aceleró su corazón al verlo acercarse por el rabillo de su ojo, simulando estar completamente concentrada en el libro que estaba leyendo. De repente, fue demasiado consciente de todo a su alrededor: el bullicio del alumnado, el viento erizándole la piel y jugando con sus mechones rubios, el frío asiento de la grada en la que estaba sentada…
—Hey, Kat.
Había fingido que su saludo la tomó por sorpresa y de inmediato, le dedicó la mejor de sus sonrisas. Aquel “Hey, Kat” sería el inicio de una relación que marcaría a la rubia por el resto de su vida.
No tardaron en hacer oficial que estaban saliendo. Kat había crecido toda su vida devorando novelas y películas románticas en donde el mero hecho de enamorarse estaba idealizado como el motor que pone tu vida en marcha, como aquello que envuelve y que hace que se sostenga tu mundo entero. Y eso fue Alex para ella durante los seis meses de relación: su mundo entero.
Todo fue demasiado fácil. Él le correspondía de la misma manera intensa y arrolladora en la que la rubia sabía amar, no había día en el que no se vieran o hablaran, se había convertido en el dueño de tantas primeras veces que no concebía a otra persona a su lado. Katy sabía que cuando hablaba de ella, decía que la amaba porque “nunca sabes con qué va a salir, es única”. Hoy en día, la rubia se pregunta si no fue eso lo que desgastó la relación, tanto en tan poco tiempo.
Porque, como se sabe, todo lo que sube tiene que bajar. Es curioso ese instante que Katy suele llamar “etapa bisagra”, en la que, sin que te des cuenta, todo comienza a cambiar. Y cuando comienzas a ser consciente de las pequeñas diferencias, ya no se ven ni se hablan tanto como antes, quizá apenas te escribe, tal vez cuesta encontrar temas de conversación y en el fondo, sabes que lo estás forzando, pero no quieres enfrentarlo aún.
Katy empezó a sentir el desgaste de la relación sobre sus hombros y sus recientes celos hacían que sintiera el peligro de perder a su amado. Clary era una de sus mejores amigas, no olvidaría jamás todo el aprecio que le había tenido y lo mucho que se habían ayudado una a la otra a enfrentar obstáculos de su vida. Deseaba con todas sus fuerzas que encontrara a alguien que la hiciera tan feliz como Alex la hacía a ella. Sin embargo, la rubia no tardó en notar la repentina cercanía entre ambas personas de su vida. De un día al otro, se declararon mejores amigos y Katy podía ver cómo esa conexión que creyó tener con Alex, ahora le pertenecía a su ¿amiga? No, error. En su corazón sabía que al verlos juntos se había dado cuenta de que jamás tuvo una conexión con su chico, que la verdadera química estaba entre ellos.
Tanto uno como otro le juraron que sólo había amistad y a la rubia no le quedó más opción que confiar a ciegas en sus palabras. A veces era más fácil, a veces más difícil. A veces era muy obvio y otras veces no tanto. Pero si había algo a lo que no podía hacer la vista gorda, era a lo alejados que estaban ella y Alex. En aquellos tiempos, suspiraba con nostalgia al rememorar los primeros días de relación, porque comenzaba a desconocer en qué se habían convertido.
Entonces, el día tan temido por fin llegó. No todas las rupturas duelen, existen aquellas producto de una sana y madura conversación en la que ambas personas involucradas admiten que ya no es lo mismo. Los sentimientos cambiaron, quizá ellos cambiaron y dejaron de ser lo que el otro necesitaba cuando todo inició. Katy sintió un pesar en su corazón, sabía que lo extrañaría, que estaba perdiendo parte importante de ella y que sería extraño el transcurrir de sus días sin él, pero también reconocía que era lo correcto. Que así ambos estarían mejor.
La vida siguió, por raro que suene. Solemos pensar que la vida se acaba cuando perdemos a la persona que amamos, pero ésta siempre sigue, aunque estemos dispuestos o no a seguirla. No obstante, Katy se equivocó al pensar que sería una ruptura sin dolor, sin dudas, sin “y si hubiera…”, sin culpa que sentir.
Nada la preparó para ver a su antigua mejor amiga y a su primer amor besándose contra el casillero de él, tal y como solía besarla a ella: con una de sus manos en su cintura y otra sosteniendo su mejilla. Un huracán de sentimientos inundó su cuerpo de tal manera que sintió que se ahogaba. Necesitaba aire, no podía respirar. Esquivó miradas compasivas de alumnos que apenas la conocían hasta que el húmedo y caliente viento de diciembre la acogió en sus brazos. En apenas un segundo, sus peores miedos se habían vuelto realidad. Todo lo que le habían negado mirándola a los ojos era totalmente cierto. Poco a poco, Alex se había ido deslizando de sus brazos a los de ella y ni siquiera había tenido oportunidad de detenerlo. Katy no había sido suficiente para él.
¿Había sido a propósito? ¿Le habían mentido o esto era reciente? ¿Por qué no habían sido sinceros? ¿Ella podría haber hecho algo para evitarlo? ¿En qué se había equivocado? ¿Qué tenía Clary que ella no? ¿Y si hubiera luchado más por su relación, la habría salvado? Eran cientos de dudas que acosaron su mente por los meses siguientes y a los que jamás había obtenido respuesta. Pero si había algo que había aprendido, era a no desconfiar de su instinto nunca más.

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