Nos reencontramos | Relato #5

 La morena bajó del colectivo sintiendo la tercera guerra mundial con dinosaurios en su estómago. Así de nerviosa y ansiosa se sentía al saber que estaba a metros del amor de su vida. Después de no verlo por casi tres meses, aquel día por fin se encontrarían. En lo único que ella podía pensar es en cómo fundiría sus labios con los suyos en el instante en que lo viera. Jamás había extrañado tanto como a él. Necesitaba sus abrazos, sus besos, sus caricias recorriendo todo su cuerpo. Las palmas de sus manos picaban por volver a tocar aquella piel tan suave que la enloquecía. No sabía lo que era experimentar la urgencia de besar a alguien con tanta desesperación hasta que todo el asunto de la cuarentena había empezado.

   Finalmente, dobló por la cuadra en la que estaba su edificio y le envió un mensaje. Estoy abajo, amor, escribió ella y sólo restaba sentarse a esperar que su novio bajara. Sabía que le tomaría un rato, por algún motivo, el castaño siempre se entretenía con algo que hacía que tardara su buen tiempo. Sin embargo, aquella vez fue diferente. Quizá porque la ansiedad de reencontrarse estaba más que presente, pero cinco minutos después de enviar su mensaje divisó sus alborotados rulos mientras abría la puerta. 

   —¡Mi amor! —exclamó él, en lo que abría el portón. 

   Ella le devolvió una inmensa sonrisa de oreja a oreja, eran demasiadas las sensaciones que abrumaban sus sentidos con el simple hecho de verlo ahí. A centímetros de ella. El corazón le golpeaba el pecho con tanta fuerza que no se sorprendería si se escapaba de ahí, loco por reunirse a su otra mitad. 

   Por fin, la llave giró y lo único que los separaba desapareció. No aguantaron un solo segundo más, ambos se fundieron en el tan anhelado abrazo. Ambos volvieron a encajar a la perfección, tal y como siempre había sido. Ambos aspiraron el aroma del otro y sintieron como si respiraran por primera vez en mucho tiempo. Ambos sienten ese deseo insaciable de besarse y hundirse en el otro hasta que sus labios se desgasten.

   La morena soltó una pequeña risa luego de apretarlo entre sus brazos y llenar su mejilla con húmedos, suaves y cálidos besos, justo antes de tomar el rostro de su amado entre sus manos y mirar sus pequeños ojitos, esos que la hacían suspirar. Cerró los suyos propios y posó su boca en la del chino, las sensaciones que la embargaron en aquel ínfimo instante la abrumaron a tal punto que el mundo exterior dejó de existir para ella. Dónde estaba, quiénes los veían o qué pasaría después ya no importaba. Sólo podía pensar en las manos del chico aferrándose a su cintura y en cómo sus labios se movían contra los de ella, su lengua buscando la suya. Los dedos de la chica agarraban su cabello con fuerza, empujándolo contra ella, incluso aunque sabía que no podían estar más unidos. Ella lo necesitaba todavía más cerca. Él se separó un momento para tomar aire y apoyar su frente en la de su pequeña. Aprovechó para mirarla a los ojos, con su respiración acelerada y el corazón aún desbocado por la emoción.

—Te amo, mi vida —logró susurrar él, con lágrimas comenzando a asomar en sus ojos.

—Te amo muchísimo, amor —respondió ella, sin poder creer que ese momento finalmente estaba sucediendo.

   Por último, se separaron y enlazaron sus manos, sonrientes. El chico comenzó a contarle historia tras otra mientras ella reía, contenta de volver a escucharlo hablar frente a ella, de tenerlo junto a ella. Felices de haber retomado sus vidas después de tanta locura. No quedaba otra cosa que hacer más que subir al departamento del muchacho a tener otra de sus tantas aventuras.




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